La campana viajera
Una aventura bajo el mar
Una aventura bajo el mar

«¿Y si hoy la campana canta más fuerte?», preguntó Pistacho. Cada mañana sacudía su campanita junto a la casa de concha. ¡Tin, tin! ¿La oyes, Lucía?

«Despacito, que yo pongo la canción», dijo Perla. Pistacho dio una vuelta y se enredó en la cinta amarilla. «¿Y si soy una campana con patas?»

Un pececito se acercó y siguió el tintineo. Después persiguió unas burbujas que brillaban entre los corales. «¿Adónde te llevan?», preguntó Pistacho.

Las burbujas doblaron la esquina y el pececito desapareció. Pistacho apretó la campana: «¿Y si no sabe volver?». «Despacito», dijo Perla. «Sigamos sus burbujas».

El sendero terminaba en un hueco entre dos rocas. «¿Y el puente?», preguntó Pistacho, asomándose desde la arena. Al otro lado, las burbujas subían entre las algas.

«¿Y si usamos la cinta?», dijo Pistacho. La ató a una rama de coral y Perla sujetó el otro extremo. Tiraron juntos de una tabla que flotaba cerca.

¡Ploc! La tabla encajó entre las rocas. «Despacito, ya tenemos puente», dijo Perla. Pistacho recuperó su campana y cruzó tras ella, directo hacia unas algas que se movían.

Las algas cerraban el camino. Una hoja cayó sobre la campana y Pistacho preguntó: «¿Y si ahora mi campana es una planta?». Perla soltó una risita. ¿Cómo podrían pasar?

«Despacito, probemos mi canción», dijo Perla. Cantó suave y las algas se balancearon con la corriente. Pistacho hizo sonar la campana: ¡tin, tin! ¿Oyes el ritmo, Lucía?

Cuando las hojas se separaron, Pistacho sujetó una para que Perla cruzara. Luego ella sostuvo la otra y él pasó. Tras las algas apareció una vieja cubierta.

En la cubierta, una concha vacía rodó hasta un tobogán de madera. «¿Y si conduce al pececito?», preguntó Pistacho. Perla señaló unas burbujas que bajaban por allí.

Al pie del tobogán, encontraron al pececito detrás de una compuerta. Nadaba en círculos y no encontraba la salida. «¡Ya estamos aquí!», dijo Pistacho, agitando la campana.

Perla señaló un cuenco unido a la compuerta. «Si pesa bastante, la abrirá y la corriente nos ayudará». Pistacho dejó una piedrita dentro, pero no se movió. ¿Pesaría más su campana?

Pistacho miró su campana favorita y luego al pececito. «¿Y si te la presto, corriente?». Soltó la cinta y colocó la campana en el cuenco; Perla le ayudó a sujetarlo. ¡La compuerta empezó a subir!

La corriente entró por la compuerta. Perla cantó despacito y Pistacho extendió la cinta amarilla como una guía. El pececito siguió la canción y nadó junto a la cinta hasta salir. ¡Lo habían conseguido!

La corriente los llevó por un canal hasta la casa de concha. El pececito dio una vuelta alegre junto a la puerta. Pistacho apretó la cinta vacía y preguntó: «¿Y ahora qué cantará conmigo?».

«Despacito, tengo una idea», dijo Perla. Ató una concha pequeña a la cinta y se la entregó a Pistacho. «¡Una campana nueva! ¿Te gusta la sorpresa, Lucía?»

Pistacho sacudió su nueva campana junto a la casa. Perla cantó y el pececito dio vueltas al ritmo. «¿Y si mañana montamos una orquesta?», preguntó Pistacho. ¡Tin, ploc!
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